Letargo
"El hombre actual ha nacido o bien para vivir entre las convulsiones de la inquietud o bien por el letargo del aburrimiento"
(Voltaire)
Cuando Mario llegó a casa eran las 7 de la tarde. Cerró la vieja puerta con dos vueltas de llave. Meticulosamente colgó la gabardina del perchero, se descalzó y vistió sus cansados pies con las viejas zapatillas de cuadros que mostraban descaradas varios agujeros por donde sus rechonchos dedos se asomaban con timidez.
Se sentó en el sillón que hacía juego con sus zapatillas, no sólo por los cuadros sino también por las marcas del tiempo. Abrió su periódico y se dispuso a leer su sección preferida: economía.
Llegadas las 8 de la tarde, nuestro amigo se levantó del sillón y se dirigió a la nevera como todas las tardes a esa hora. Una ensalada y una loncha de pechuga de pavo serían su cena, como todas las noches. Debía cuidarse, pues tenía el colesterol por las nubes y el hacer ejercicio siempre le pareció una pamplina.
Después de cenar se sentó enfrente del televisor, pero esta vez no lo encendió como cada noche para ver el telediario. Esta noche se quedó embobado mirando la pantalla, como si de repente se hubiera dado cuenta de algo. Pasó así varios minutos. Podía ver su rostro envejecido en la sucia pantalla, su alopecia ya avanzada y varias lágrimas rodaron por sus mejillas. En aquel mismo momento, al verse allí reflejado se dio cuenta de que su calculada vida aquel día había cambiado: era el día de su jubilación.
Varias preguntas rondaron su cabeza: ¿qué haría él todo el día sin ir a trabajar?, ¿en qué podía invertir su tiempo? ¿qué iba a ser de él?.
Se armó de valor, secó sus lágrimas y decidió que mañana volvería al trabajo. –No pueden prescindir de mí- pensó.
A las 6 de la mañana sonó su viejo despertador. Una ducha rápida, el traje de los jueves, el desayuno y abrió las dos vueltas de llave y se dirigió a la parada del autobús como todos los días.
-Buenos días, señor Ramírez. ¿No era ayer su último día?- preguntó el portero.
Mario lo miró y emitió una mueca lo más parecida a una sonrisa y dio un giro de cabeza que indicaba negación. Las palabras nunca fueron su fuerte.
Se dirigió a su mesa y le sorprendió ver allí a una bella jovencita.
-Perdone, pero esa es mi mesa- dijo Mario.
-Disculpe, señor, pero debe haber alguna confusión. El jefe me ha dicho que me sentara aquí- contestó ella.
Mario se quedó de pie como un pasmarote y el día de ayer volvió a su memoria: estaba jubilado.
Cuando ya se decidía a marchar se dirigió al despacho de su antiguo jefe. Debía convencerle. Tenía que trabajar, pues el no sabía cómo se podía vivir sin trabajo. Le rogaría si fuera necesario.
Antes de que pudiera llamar, la puerta del jefe se abrió y un hombre sorprendido miró a Mario.
-¡Señor Ramírez!, ¿cómo usted por aquí?, ¿olvidó algo o simplemente viene a visitarnos?.
-Verá don Alonso-dijo Mario tímidamente- yo quiero seguir trabajando...
Una carcajada brotó del señor Alonso.
-¿trabajando?, mira que es usted peculiar, Ramírez. Eso es imposible. Disfrute de su jubilación, viaje, salga, páselo bien...
-Puedo, si quiere, servirle café o limpiar la oficina- respondió Mario suplicante.
-Lo siento, Mario, pero sabe que eso no puede ser- dijo don Alonso.
-Por favor...-rogó Mario casi a punto de llorar.
-Vamos a hacer una cosa, Ramírez: vaya a casa y cuando necesitemos a alguien lo llamo- respondió el jefe para quitárselo de encima.
-¡muchas gracias, don Alonso!- dijo Mario esperanzado.
Regresó a casa a las 8 de la mañana. Cerró la puerta con dos vueltas de llave, colgó la gabardina en el perchero y se dirigió al teléfono. Se sentó en una silla y se puso a esperar. Cogió el auricular y se aseguró de que tuviera tono. Hacía tanto que no lo utilizaba que tenía miedo no funcionara.
Esperó delante del teléfono durante horas. Esperó y esperó hasta que un profundo sueño se hizo dueño de su ser y quedó dormido.
Lo sacó de sus sueños el timbre del teléfono. ¿Dígame?- contestó adormilado.
-¿señor Ramírez? ¿podría hacerle una encuesta?- contestó la persona al otro lado del teléfono.
-¡No!-contestó Mario desilusionado. Acto seguido colgó el teléfono.
Miró la hora: eran las 10 de la mañana. Había dormido muchísimo.
Se dirigió a la tele . Emitían un programa matinal:
-hoy, día 10 de abril... –decía la presentadora.
Mario no escuchó más. ¿Diez de abril?. No podía ser- pensaba Mario. Ayer me jubilé y era 20 de noviembre...No, no puede ser... tiene que haber una equivocación...
Salió a la calle en zapatillas. Hacía más calor. La gente ya no iba tan abrigada. Se dirigió al quiosco habitual.
-¡Don Mario!, menos mal que le veo, ¿estuvo de vacaciones?. Ya me empezaba a preocupar. Fíjese, 6 meses sin verlo...- le dijo el vendedor.
En ese momento, Mario cayó al suelo desmayado: Se había pasado seis meses durmiendo, seis meses aletargado esperando que lo llamaran para trabajar.
Aquel 10 de abril, Mario decidió que necesitaba ayuda.




8 Comments:
Si, porque se está empezando a convertir en una tortuga, jeje.
Muchas gracias por el relato, me ha gustado.
Ante la cita... prefiero buscar inquietudes a morirme de aburrimiento. El no saber qué hacer con el tiempo, cuando es una dimensión unilateral e irreversible, es una situación muy dificil. Sobre todo si, llegado el momento de plantarle cara a la muerte, se afronta con arrepentimiento por el tiempo perdido. Un abrazo.
Hola Alfredo!!:
jejej, es cierto cuando estaba inventando el relato pensaba en tortugas, jejejje y también un poco más triste en algunos ancianos que veo deambulando por la ciudad con la mirada perdida y triste. Personajes asiduos de obras púlicas, tristes melancólicos de un mundo que ellos piensan eran mejor porque se sentian útiles.
Estoy de acuerdo contigo en lo de la cita; yo también prefiero la inquietud.
Un abrazo :)
Es un buen relato y duele mucho. Cuánta preparación nos hace falta.
Lograste mucho.
Sigue escribiendo. Hazlo por mi.
Abrazos enormes con mucho cariño.
Clarice: muchísimas gracias . Para mí es un honor que una buenísima escritora como tú le guste mi relato y me anime a seguir escribiendo. Un abrazo con mucho cariño para tí también
Así que sí...¿eh? jaja así q escribiendo relatos...jajaja
Me ha gustado mucho, es una metáfora muy buena. La verdad q yo tb prefiero las inquietudes, quedarse anclado en el tiempo y no saber qué hacer es algo terrible, más de lo que mucha gente piensa, yo lo se porq me pasó y sólo recordarlo me pone la carne de gallina, es una etapa que he dejado muy borrosa en mi memoria.
Tb está mal pasarse y no tener tiempo ni de respirar, desde luego..la cosa es vivir feliz y ganarse el pan como se pueda, no hay q darle demasiada importancia a las cosas, a loq hay q dar importancia es a uno mismo y a las personas.
Un abrazo,y sigue escribiendo tortuguilla mia!!!!:*
Menos mal que aún me quedan muchos años para la jubilación... espero que muchos más de los que me quedan para encontrar un trabajo más o menos estable y digno. Porque debe de ser terrible el levantarte un día como Mario y ver que toda tu rutina de tantos años se torna en tiempo libre... (sobretodo para gente como Mario o como yo, que somos de costumbres fijas), pero supongo que el secreto de afrontar esa fase última de la vida está en encontrarle sustituto al trabajo, para no pasarse seis meses durmiendo... Que ahora quién pudiera, pero cuando uno puede como que echa de menos no poder. Cuando llegue ese día de mi jubilación espero conservar una buena salud para consumirla de viaje en viaje.
Me ha gustado el relato. Y si Mario existe de verdad le dices que si quiere trabajar por mi, que no hay problema, pero por supuesto el sueldo me lo quedo yo, que el ya tiene la pensión.
Un saludo.
siento demasiado próximo a Mario.
Saruxia:tienes razón; en el término medio está la virtud.
Muchos besos :*******
Roberto:jejeje, no sé, a lo mejor a Mario le parecía bien el trato jejej. Cuando te jubiles, y como tú dices,viaja, pásalo bien. La hija de una compañera mía que tiene cuatro años, le dijo una vez a su madre: ays, mamá, qué cansada estoy! qué ganas tengo de jubilarme! jejeje.
Saludos
Gonzalo: seguramente, en alguna etapa de nuestra vida todos lo hemos sentido cerca (menos cuatro que viven del cuento jejeje). Debemos cambiar el "chip" y saber disfrutar de nuestro tiempo libre.
Saludos
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