miércoles, diciembre 27, 2006

Otra forma de maltrato

Jaime Urrutia



"Se habla mucho de malos tratos y vejaciones físicas que soportan las mujeres, pero casi nadie denuncia (incluso se jalean) las humillaciones psicológicas que se les inflige desde las revistas de moda y desde esos programas presuntamente dirigidos al público femenino, donde se predica la esbeltez a toda costa y el sometimiento a unos cánones estéticos decididamente abyectos. Constantemente se actualizan las cifras de mujeres asesinadas por cónyuges, novios y demás ralea, pero nadie se preocupa de calcular el número de mujeres que languidecen o malviven aquejadas de complejos de inferioridad, ayunos masoquistas y traumas que convierten su vida en un cotidiano infierno.

Hemos conseguido que la mujer se emancipe de su señor feudal, el macho tiránico y avasallador, pero hemos dejado que se someta a unos patrones físicos dictados desde las pasarelas, hasta convertirse en prisionera de su propio cuerpo, que es la forma más primitiva de vasallaje. Hasta hace muy poco la mujer estaba obligada por el macho a desempeñar un papel de pacífica bestia doméstica o florero que se exhibe con orgullo a las visitas. Hoy, cuando el rigor de estas imposiciones casi ha desaparecido, nos encontramos, sin embargo, con un número creciente de mujeres esclavas de la cosmética, súbditas de la dieta, vigías insomnes de su celulitis y drogadictas del lifting. Mujeres que, en vez de convertir su cuerpo en un habitáculo aliado, se han sometido a su despotismo, hasta convertirse en rehenes de sí mismas, atletas del sacrificio estéril corriendo en pos de un ideal inalcanzable: la carne sin arrugas ni flacideces ni adiposidades. Mujeres que han olvidado que la misión de un cuerpo es declinar gloriosamente, como los árboles en otoño. Porque la carne, como aquella manzana que perturbó la siesta de Newton, es devota de las leyes de la gravedad. Por muchas cremas anticelulíticas y píldoras y bisturíes y andamios y cabestrillos que interpongamos en su caída, acabará cediendo a su destino. Muchas revistas en cuyas páginas proliferan las muñequitas de gimnasio castigan a sus lectoras con consejos para conseguir un cuerpo cañón, sometido a esos cánones tarumbas que establecen la cima de la belleza en el artificio y la abolición de las leyes naturales.

Constantemente se publican reportajes en los que se incita a las mujeres a adelgazar, aunque sea con bisturí: a las mujeres con las nalgas flácidas o las tetas escurridas se les aconsejan prótesis de silicona; a las mujeres con barriguita, lipectomías abdominales; a las mujeres con pistoleras, liposucciones, y así sucesivamente, como si la consecución de una belleza de cromo justificara todas las charcuterías. Y no sólo son las revistas presuntamente femeninas las que fomentan estas aberraciones: también la televisión ofrece programas deleznables donde cirujanos con aspecto de vendedores de crecepelo o discípulos del doctor Mengele describen –como si presentasen un encantador álbum de muestras– las distintas operaciones que ejecutan en sus mazmorras o quirófanos, siempre abastecidos por mujeres acomplejadas a las que previamente han convencido de que, con esos kilos o esos años de más, su aspecto resulta calamitoso. Así se obliga a las mujeres a mantener el culo prieto como el de un maniquí y el rostro tirante y acartonado como el de una máscara del teatro kabuki. Las dietas crudelísimas que no son sino banquetes de hambre, las sesiones agotadoras de gimnasio y demás privaciones que impone el mantenimiento de la esbeltez y la juventud fiambre se han erigido, a falta de un macho despótico que las someta, en la nueva forma de esclavitud de un número creciente de mujeres, que aspiran a envejecer convertidas en horrendos autómatas de plástico con cinturita de avispa. Pero de estas mujeres condenadas a infelicidad perpetua, tiranizadas por esa quimera de la eterna juventud, casi nunca se habla, o si se habla es para presentar su esclavitud como una nueva forma de afirmación femenina.

Nadie les ha enseñado que una mujer que no aprende a amar los signos de decrepitud que poco a poco arañan su cuerpo es una mujer muerta. Con lo bella que es la carne cuando acata plácidamente su decadencia, cuando aprende a envejecer sin miedo. "

Texto: Juan Manuel de Prada (El Semanal, nº 984)
Video: Jaime Urrutia (Maribel)

10 Comments:

At 12:08 AM, Blogger gonzalo said...

inquietante tema amiga.

el deso mimético nos empuja hacia cuerpos que no nos pertenecen y que nos dañan.

 
At 4:39 PM, Blogger saruxia said...

Muy buena!!si señorita! Por un lado deseando estar delgadita y con curvas y por el otro encontrandote con hombres q se derriten en cuanto te ven,así,con carnecitas,con arrugas y con loq se presente.
Cada uno tiene su encanto,loq verdaderamente embellece es un interior que adorna la caraaaaaa y del que muchos "guapos" carecen. Pues yo prefiero a un feo atractivo,así de claro.

¿Cuándo dejará de ir de culo nuestra sociedad?

Te quiero,mi gordita ^^ :*

 
At 8:31 PM, Blogger Silvia said...

gonzalo: cierto, igual que al pensamiento único la sociedad quiere que entremos también en el "cuerpo único". Falta de personalidad, en una palabra.
Saludos

Saruxia: jajjaja, cualquiera que te lea va a pensar que estoy arrugada jajjajajaja. Gordita, si, pero todavía no tengo arrugas. Pero cuando las tenga intentaré llevarlas con elegancia jajjjjaa.
Cierto; el encanto está en el interior, aunque suene a tópico. Pero a la gente guapa por dentro se le nota por fuera. Y además ¿existe un tipo de belleza estandar?.
Un abrazo mi gordita guapa :*********

 
At 12:55 AM, Anonymous Anónimo said...

¡Vivan las curvas! Nadie puede sentirse de verdad atraido por una mujer de las que salen de pasarela, que tiene menos tetas que yo, el culo como una tabla, le abultan los ángulos de los huesos hasta donde no los tiene, los pómulos pinchan y tiene cara permanente de tener paludismo y déficit de más vitaminas que las que lleva un biofrutas. Alguna de esas no tiene suficiente ni para mirarla y para verla hay que mirar dos veces.

Yo soy de los de whisky DYC, gente sin complejos y, lo que es más importante sin provocar complejos en los demás.

Un saludo.

 
At 10:24 AM, Anonymous carlos martinez said...

Si sobre las top models también he dicho algo en mi bitácora. Pero me preocupa cuando llega a enfermedad y una adolescente se la juega porque unos pervertidos andróginos lo quieran implantar. Lo demás es un debate eterno, que solo se termina cuando los feos demostramos que lo de crecer y multiplicarse lo hacemos todos y hay felicidad para todos.
Ahora viene el briconsejo de fotografia: engorda sobretodo con mala iluminación unos 6 kg que tampoco es tanto. Por otro lado hay muchos trucos fotograficos para mejorar cualquier rostro y quitarle años. Suponiendo que sea lo que al churri de cada uno le guste.
Te daria un beso de fin de año debajo de la pasarela, a oscuras tengo un pase.

 
At 1:32 PM, Blogger Silvia said...

Roberto: buen gusto, jeje :P. No, fuera de bromas yo creo que el encanto de cada persona nada tiene que ver con ser gordo, flaco, feo o guapo. Y pienso que el mayor atractivo lo da el estar agusto con uno mismo.
Un abrazo

Carlos:está bien el briconsejo. Gracias :). Otro beso para ti.

 
At 3:14 PM, Blogger Alfredo said...

Lo mejor es estar bien con uno mismo al márgen de modas, figuras perfectas y demás. Y si una persona no está contenta, pues que busque la mejor forma de estarlo, pero con total independencia de lo que digan los demás o los cánones de supuesta belleza impuestos por la sociedad.

Y es que, cuando Linneo nos puso el nombre específico de "sapiens", no pudo estar más equivocado: no comprendemos que dejandonos imponer el objetivo de obtener esos cuerpos y estados ideales e, incluso, autoimponiendolos en nuestra vida diaria es, precisamente, una de las formas de censura y control más comunes de nuestra sociedad, con el fin de mantener una continua insatisfacción en la gente incrementando asi el consumo, que es de lo que se abastece nuestra autodestructiva sociedad. Me explico: buscamos parecernos a los Brad Pitts o las Kate Moss y, para ello, nos lanzamos al consumo de todo aquello que nos promete ser como ellos, ya sea en forma de articulos de adelgazamiento, gimnasios, tiendas de moda con tallas superpequeñas, cremas antiarrugas, cirugía plástica... Hartos de ver que no obtenemos el resultado buscado, nos sumimos en una continua depresión y pérdida de autoestima, lo cual nos lleva a consumir más de lo otro: sobrealimentación, productos altamente calorificos que no nos aportan nada, apatía y cansancio que nos obliga a pasarnos el tiempo libre tumbados en el sofá... Todo eso, en un ciclo fútil de consumo y descontrol, que nos lleva precisamente a convertirnos en lo contrario a lo que nos queriamos parecer, acrecentando nuestra insatisfacción e inseguridad, muriendo sin vivir. Eso sí, quien lo logra, nunca estará satisfecho y querrá mas (origen de la patología llamada anorexia, en estos dias y de manera sorprendente tan frecuente en guajes de no más de 14 años), o le cuesta tanto mantenerse en el ideal que acaba jodiéndose la salud y, lo que es peor, sin disfrutar de la poca vida que tiene delante de sus narices. Encima, nos matamos a trabajar sólo para mantener ese mismo estilo de vida... "Homo borregiens", tendría que haber sido nuestro binomen.

Vista así la situación: ¿no sería mejor aceptarnos tal como somos e invertir ese tiempo en conocernos más para aportar lo mejor a nosotros mismos y a la gente que vive en nuestro entorno?. Y si vemos la necesidad de adelgazar unos kilos, o de engordarlos (¿por qué no?), pues con independencia, sin prejuicios ni obsesiones. Parece que tenemos prisa por llegar cuando nadie espera en nuestro hogar... hasta que deje de ser nuestro. Que cada uno haga lo que quiera con su cuerpo y no lo que el resto de la sociedad quiere que hagamos.

Y tu, Silvia, sigue así. Eres muy atractiva. Tu tienes algo especial, algo que me ha enloquecido desde la primera vez que estuve contigo. Ten confianza en ti misma, porque eso te da más atractivo que todas esas chavalas que lo unico que tienen para hacerse valer es su cuerpo y, lo siento por ellas, acabará marchitandose como las hojas de los cerezos. Y, encima, ya les gustaría a ellas tener tu belleza y tu sonrisa (esa que es de verdad, no la sonrisa hipócrita que les obligan a lucir a las modelos de pasarela). Asi que ya le pueden ir dando por ahí al ideal estético de andar por casa (es decir, el que sale en los anuncios y la teletienda). Venga guapa, ya tengo ganas de verte, :).

 
At 10:04 PM, Blogger Silvia said...

Alfredo: yo también tengo muchas ganas de verte. Te quiero :***

 
At 8:58 AM, Anonymous Anónimo said...

Ya era hora de que lo dijera alguien públicamente. Ojalá cunda el ejemplo

 
At 8:42 PM, Blogger Miguelius said...

Paséate por mi blog reinagurado.

 

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