Julio se ha levantado esta mañana de un salto, ha llegado en dos minutos al trabajo canturreando una canción. Hacía mucho tiempo que no sentía esa energía vital. Todo ello por una llamada… Llevaba esperándola años. A sus treinta y siete pensaba que iba siendo hora de sentar la cabeza. El tiempo había sido el mejor antihistamínico a su “gran alergia al compromiso”.
Se había pasado la mañana pensando en esa llamada. Había vuelto a sentir lo mismo que cuando se enamoró de Elisa hacía ya quince años: su vello se había erizado al escuchar la suave voz de ella de nuevo y su corazón se puso a latir a mil por hora. Sin duda, Elisa había sido el amor de su vida y creía haberla perdido por siempre cuando la dejó como un cobarde aquella fría mañana de enero alegando que había dejado de amarla. Pudo haber rectificado, pero su gran orgullo y su cobardía se lo habían impedido. Ahora ella volvía en el mejor momento de su vida, en el momento que más la necesitaba. Todo parecía un sueño.
Recordaba una y otra vez la conversación con ella mientras revisaba el motor de un viejo Clio de segunda mano.
-“Hola Julio, soy Elisa. ¿Me recuerdas?
-¿Elisa? ¡Claro que te recuerdo! ¿Cómo estás?
-Pues no me puedo quejar… Bueno, que estoy de paso por Madrid y me gustaría quedar contigo para recordar viejos tiempos. ¿Te parece?
-Por supuesto, yo también tengo ganas de verte.
-Pues si te parece quedamos en “The clover”, como siempre. ¿Sobre las seis?
-¡Estupendo!
-Pues hasta pronto, Julio.
-Un beso, Elisa.”
“The Clover”… qué buenos recuerdos en aquella cervecería. Aquello sin duda era una señal. Elisa le mandaba un mensaje claro: quería volver con él y lo hacía en el sitio donde ambos habían pasado los mejores momentos de su relación.
Después de una ducha, Julio se había pasado la tarde buscando la ropa adecuada, se había bañado, literalmente, en aquella colonia que tanto le gustaba a ella.
Cuando estaba cerca del local comenzó a notar cómo las piernas le flaqueaban. Estaba nervioso como un adolescente. Con valor abrió la puerta y oteó el local. Ni rastro de ella. Miró el reloj y se dio cuenta que eran las 5.45. Las ganas de ver a Elisa le hicieron recorrerse Madrid en tiempo record. Había ensayado de camino lo que iba a decirle: que había sido un cobarde, que dejarla había sido el mayor error de su vida, que era un crio con alergia a las relaciones…
La puerta se abrió y apareció ella. Estaba mucho más guapa que antes. Los años le habían dado un atractivo y seguridad impactantes. Julio se estaba poniendo más nervioso si cabe.
Admirando a su “musa” no se percató del hombre que la acompañaba.
-“Hola Julio, estás igual que siempre.
-Pues tú estás muchísimo más guapa. Estás estupenda.
-Muchas gracias. Quiero presentarte a Alguien. Él es Miguel, mi marido .Quería que lo conocieras, pues ambos tenéis muchas cosas en común.
-Hola, Julio, Eli me ha contado muchas cosas sobre ti.
-Hola, encantado- contesta Julio desilusionado…”
Dificil disimular durante una larga hora sus ganas de llorar y su rabia contenida,mientras intentaba congeniar con aquel extraño traidor que le había quitado a la mujer de su vida...
Se había pasado la mañana pensando en esa llamada. Había vuelto a sentir lo mismo que cuando se enamoró de Elisa hacía ya quince años: su vello se había erizado al escuchar la suave voz de ella de nuevo y su corazón se puso a latir a mil por hora. Sin duda, Elisa había sido el amor de su vida y creía haberla perdido por siempre cuando la dejó como un cobarde aquella fría mañana de enero alegando que había dejado de amarla. Pudo haber rectificado, pero su gran orgullo y su cobardía se lo habían impedido. Ahora ella volvía en el mejor momento de su vida, en el momento que más la necesitaba. Todo parecía un sueño.
Recordaba una y otra vez la conversación con ella mientras revisaba el motor de un viejo Clio de segunda mano.
-“Hola Julio, soy Elisa. ¿Me recuerdas?
-¿Elisa? ¡Claro que te recuerdo! ¿Cómo estás?
-Pues no me puedo quejar… Bueno, que estoy de paso por Madrid y me gustaría quedar contigo para recordar viejos tiempos. ¿Te parece?
-Por supuesto, yo también tengo ganas de verte.
-Pues si te parece quedamos en “The clover”, como siempre. ¿Sobre las seis?
-¡Estupendo!
-Pues hasta pronto, Julio.
-Un beso, Elisa.”
“The Clover”… qué buenos recuerdos en aquella cervecería. Aquello sin duda era una señal. Elisa le mandaba un mensaje claro: quería volver con él y lo hacía en el sitio donde ambos habían pasado los mejores momentos de su relación.
Después de una ducha, Julio se había pasado la tarde buscando la ropa adecuada, se había bañado, literalmente, en aquella colonia que tanto le gustaba a ella.
Cuando estaba cerca del local comenzó a notar cómo las piernas le flaqueaban. Estaba nervioso como un adolescente. Con valor abrió la puerta y oteó el local. Ni rastro de ella. Miró el reloj y se dio cuenta que eran las 5.45. Las ganas de ver a Elisa le hicieron recorrerse Madrid en tiempo record. Había ensayado de camino lo que iba a decirle: que había sido un cobarde, que dejarla había sido el mayor error de su vida, que era un crio con alergia a las relaciones…
La puerta se abrió y apareció ella. Estaba mucho más guapa que antes. Los años le habían dado un atractivo y seguridad impactantes. Julio se estaba poniendo más nervioso si cabe.
Admirando a su “musa” no se percató del hombre que la acompañaba.
-“Hola Julio, estás igual que siempre.
-Pues tú estás muchísimo más guapa. Estás estupenda.
-Muchas gracias. Quiero presentarte a Alguien. Él es Miguel, mi marido .Quería que lo conocieras, pues ambos tenéis muchas cosas en común.
-Hola, Julio, Eli me ha contado muchas cosas sobre ti.
-Hola, encantado- contesta Julio desilusionado…”
Dificil disimular durante una larga hora sus ganas de llorar y su rabia contenida,mientras intentaba congeniar con aquel extraño traidor que le había quitado a la mujer de su vida...
Tu Casa(Alanis)
Fui a tu casa
subí las escaleras
y abrí la puerta sin llamar al timbre.
Atravesé el recibidor
hasta llegar a tu cuarto
donde podia olerte.
Y no debería estar aquí
sin tu permiso.
no debría estar aquí.
podrías perdonarme si bailo en tu ducha?
podrías perdonarme si me acuesto en tu cama?
podrias perdonarme si me quedo toda la tarde?
me quité mi ropa
y me puse la tuya.
y en tu armario encontré tu colonia.
en el piso de abajo en contré tus cd´s
y escuché tu Joni.
No debería quedarme mucho tiempo
tú estarás en casa pronto
no debería quedarme mucho tiempo
podrías perdonarme si bailo en tu ducha?
podrías perdonarme si me acuesto en tu cama?
podrias perdonarme si me quedo toda la tarde?
encendí tu incienso
tomé un baño y luego encontré una carta en tu escritorio
decía:hola cariño, te quiero tanto
reúnete conmigo a medianoche".
esa no era mi letra
debería irme pronto
no era mi letra
Así que perdoname amor, si lloro en tu ducha
perdoname por las lágrimas en tu cama
perdóname si lloro toda la tarde.
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