jueves, marzo 11, 2010

De encuentros y desencuentros V: Esperanza

" Maternidad"
(Susana D'Momo)
Paseando por Gran Vía Esperanza sigue su rutina diaria: va completamente absorta en sus pensamientos, caminando a grandes zancadas como la mayoría de los habitantes de esa gran ciudad que parecen poseidos por el espíritu de la prisa nada más que ponen un pie en Madrid.
Sus vestidos de colores, sus fulares, su melena al viento, parece un hada en un bosque de cemento. Esperanza es artista, trabaja en El Prado de restauradora. Es una mujer libre, comprometida, muy culta... Sin embargo, está sola.
Realmente, nunca ha sentido la necesidad de compartir su vida con alguien. Una vez, tuvo un novio al que amó muchísimo pero las cosas no funcionaron. Ahora era de la opinión de que una mujer de su tiempo no necesitaba de un hombre para ser feliz.
Pero en la mayoría de las personas el alma alberga una pena o un deseo incumplido, y Esperanza no era especial en ese sentido. Muchas veces, mientras trabajaba escuchando a Muse con su mp3 acariciaba su vientre yermo y sentía un hueco en el alma. Cómo le fascinaban aquellos pequeñines que de vez en cuando alteraban la paz del museo con sus preguntas ocurrentes y sus caritas de sorpresa.
Así que se decidió. En un mes cumpliría 35 años y era la edad perfecta para ser mamá. Pero Esperanza no quería que la concepción de su hijo fuera fria e impersonal, quería que fuera algo bello y por qué no, que recordara con placer. Después de darle muchas vueltas a la cabeza y por no comprometer a sus amigos, decidió poner un anuncio en el periódico: "Se busca candidato para "inseminación natural". Buena recompensa. Entrevista previa."
El teléfono de Esperanza no dejó de sonar durante una semana, a todas horas. Hizo cientos de entrevistas pero unos pecaban de viciosos, a otros sólo les interesaba la recompensa, otros carecían de atractivo o eran unos perfectos "zotes"...
Cuando estaba a punto de desistir un hombre rubio bien parecido cruzó la puerta.
-¿Ya se han terminado las entrevistas? ¿llego tarde?
-En absoluto, pasa y siéntate, por favor.
-Me llamo Leo, tengo 37 años y soy antropólogo. Además de ello me gusta ayudar a los demás, así que no me interesa tu recompensa. Me parece muy loable lo que haces y aunque te parezca descarado también me gustaría saber, si me eliges, a qué clase de persona voy a "donar" algo de mí. Tampoco me gustaría que fuera algo frio y mecánico, y me imagino que si pusiste el anuncio es porque tú también opinas así.
A Esperanza le causaron muy buena impresión las palabras de Leo y además le encantaban sus rasgos físicos, podría ser el padre perfecto para su bebé.
Estuvieron hablando hasta bien entrada la madrugada y decidieron posponer el acto hasta más adelante, cuando se conocieran más, así no resultaría tan violento.
La semana con Leo estaba resultando la más maravillosa de su vida. Cada vez tenía más claro que él era sin duda el candidato ideal. Así que una noche, como sin pensarlo, ambos terminaron en la cama. Leo era también el amante perfecto con ese toque de dulzura y pasión. Nunca olvidaría aquella noche...
A la mañana siguiente despertó sola. Leo se había ido. Sobre la mesita el desayuno y una nota: espero haya dado resultado, si no es así llámame.
Esperanza no pensaba ahora en la posibilidad de haber quedado en estado, solamente necesitaba volver a ver a Leo de nuevo, ser nuevamente poseida por él, escuchar su voz...

3 historias:

Cesc dijo...

Muchas veces, cuando no se busca, se encuentra...

Aldabra dijo...

era de esperar, los corazones solitarios siempre están expuestos a encontrar el amor.

biquiños,

Silvia dijo...

Cesc: cierto, yo no lo hubiera expresado mejor.

Aldabra: si, eso es algo que viene solo, no es necesario buscarlo. Un abrazo