(Nicoletta Thomas)
Una lágrima plateada resbalaba por su rostro de marfil. Mientras, ella observaba su trayectoria frente al espejo con la misma curiosidad de un niño. Surcaba su mejilla, traviesa, haciéndole cosquillas. Luego, caprichosa, tomaba rumbo a su labio superior sintiendo su sabor salado que le traía recuerdos de su añorado mar, siempre presente y al tiempo tan lejano. Del labio inferior se deslizaba hasta su barbilla, donde por un momento se mantuvo quieta, frágil, a penas a un paso entre “la vida y la muerte”. Y luego ese salto mortal hacia el vacío, estrellándose contra el suelo, silenciosa.
Al final, una última mirada al espejo donde ella y su reflejo se observaban con complicidad.
-ay, ¿qué voy a hacer contigo?- comentó a su otra yo del espejo. No se puede ser tan sensible, no se puede ser tan humana…

6 historias:
¡Precioso! Silvia. Pero sigue siendo muy humana. Un abrazo
No hay que sentirse náufrago en el océano de la vida cuando se posee la sensibilidad y la humanidad imprescindibles para lograr alcanzar la orilla más provechosa.
describes muy bien la imagen y la sensación de mirarse en el espejo y hablar con esa otra que también somos nosotros.
biquiños,
Mara: gracias :). Creo que nunca podré dejar de serlo. Otro abrazo para ti, compi :)
Cesc: muchas gracias :), aunque de esa sensación de naufragio también se sacan cosas buenas. Siempre son sabios tus consejos.
Aldi: yo últimamente hablo mucho con mi "otra yo". Creo que hay que dedicar tiempo en la vida para observarse y hablar con uno mismo.
Biquiños mil
Buen texto. Me ha gustado la imagen de esa lágrima cayendo al vacío. Al vacío nos dejamos caer a veces entre llantos...
Saludos :)
Hola Lucia: muchas gracias por visitarme. Un abrazo
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