(Edvar Munch)
Soledad se levanta temprano y llena de energía. Es una chica de rituales, así que mientras prepara el desayuno , y casi por inercia, enciende la radio. Le mueve la música. Para ella es una necesidad tan apremiante como aquel sorbo de café que hace que sus ojos dormilones se abran de par en par. De vez en cuando juega con su imagen en el frigorifico a bailar e imaginarse como una gran diva, moviendo sus caderas al compás de Tina Turner, y no puede evitar una carcajada.
Y antes de asearse hay un ritual que desde hace algún tiempo hace que toda su energía matutina baje cual termómetro en el día más gélido de invierno. Muchas veces ha pensado en prescindir de aquel accesorio que sólo le ha dado desilusiones. Pero es más fuerte la incertidumbre, la esperanza, la ilusión...Tal vez, hoy si tenga un mensaje. Así que corre hasta el ordenador y lo enciende. Sus nervios se aceleran esperando a que windows se cargue. Muchos mensajes de amigos, pero ninguno de él...
La positividad de Soledad se hunde por debajo del suelo hasta llegar a desaparecer, y corre a la ducha a ahogar sus penas bajo el agua. Acurrucada en un rincón comienza a llorar mientras el agua corre por su cuerpo confundiéndose con sus lágrimas. Y pensar que hace unos días esas lágrimas eran carcajadas, y aquel llanto eran canciones que fluian con naturalidad de su garganta impulsadas por aquel sentimiento interior, aquella ilusión...
Es que fue ayer cuando se sentía tan llena, cuando se sentía querida y correspondida. Y ahora, ahora... ahora solo sentía vacío...
No lograba entenderlo. La gente la quería, y mucho. Todos coincidían, en su simpatía, en su dulzura, en su bondad... Además sabía que no pasaba desapercibida para los hombres...Pero por qué él no podía amarla, ¿por qué?
Entonces ese sentimiento de vacío se convierte en ira. Ira porque se marchó sin explicaciones, ira por sentirse engañada, ira por añorar a alguien que nunca la ha querido, ira consigo misma por no salir de aquel circulo vicioso, ira por rememorarle hasta el hastío, ¡IRA!...
Con decisión y el pelo chorreando, Soledad va directa hasta el ordenador, y en un arranque de sentimientos lo lanza por la ventana .
Javi, la observa desde el piso de enfrente. Qué chica tan curiosa- piensa- Me gustaría conocer sus secretos...

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